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Claude Cueni relata la vida del jugador que creó el
actual sistema de intercambio
Francisco Carrillo - Madrid
Cuando la era de la abundancia parece vivir su época
de vacas flacas, un libro nos revela que el sistema de intercambio
monetario por el que nos regimos apenas tiene tres siglos de historia.
La nueva novela de Claude Cueni, «El jugador» (Salamandra), glosa la
figura de John Law (Edimburgo, 1671-Venecia, 1729), de profesión
vividor, juerguista y soñador aventurero, que llegó a inventar e
impulsar el papel moneda, una creación que cambiaría para siempre la
historia de la economía.
Heredero de vida disoluta
El título del libro, homónimo de la célebre novela
de Dostoievski, es un homenaje a la biografía del hombre que supo
cambiar la sociedad europea del XVIII. Eran tiempos en los que las
deudas entre hombres de la aristocracia y clases altas se pagaban con
intercambios de títulos nobiliarios, maletas repletas de monedas de oro
o pagarés. Un buen día, en mitad de una partida de cartas, Law se dio
cuenta de que debía inventar un sistema que facilitase mejor el pagaré
de una deuda: y se le ocurrió inventar el billete. «Me fascinó la
vida de esta estrella de las finanzas. Fue el hombre mas rico de su época
y supo combinarlo con su faceta de vividor», comenta Cueni.
Hijo de William Law, un reputado cambista de
Edimburgo, pronto se quedó huérfano. Su madre recluyó al joven John
en el internado de Eaglesham. Pero Law había decicido que su destino
era ser un invencible jugador de naipes con una mente prodigiosa para
las matemáticas. Por eso creyó que Edimburgo y Londres se quedaban
pequeñas para su talento. Tenía la mente y la chequera puestas en la
Francia de Luis XIV.
Allí llegó con la intención de perpetuarse en la
corte más poderosa e influyente de Europa. Tenía como objetivo
convencer al Rey Sol de la oportunidad de implantar un nuevo tipo de
cambio. Su inteligencia le procuró rodearse de lo más granado de la
intelectualidad francesa, como Montesquieu, el duque de Saint-Simon o el
autor de «Robinson Crusoe», Daniel Defoe, a quien había conocido en
Londres.
Una vez asentado en la corte francesa, puso en marcha
la Compañía de las Indias Occidentales y un poco antes el Banco Real,
donde llegó a convertirse en el mayor prestamista del Estado francés.
Coleccionista de arte
Aún era joven y ya controlaba el flujo monetario del
primer mundo. Fue un visionario, un cosmopolita que supo adecuar el «carpe
diem» de sus horas nocturnas con la responsabilidad diaria de sus
obligaciones. Sin embargo, su futuro se oscureció con la sombra de la
bancarrota que asoló Europa en 1720.
La nobleza exigió una devolución del oro que le
pertenecía. Ello provocó una devaluación monetaria y la crisis económica
que obligó a Law a salir huyendo de la corte, con 12 soldados que le
resguardaban de la muchedumbre furiosa. Se refugió en Venecia, donde
vivió sus últimos días rodeado de arte –coleccionaba obras de
Tiziano, Veronese y Tintoretto– y jugando a los naipes, la pasión que
un día le hizo salir de su Escocia natal para forjar una leyenda
desconocida hasta hoy.
Los tres ases de «El jugador»
F. Dostoievski
Una de las mejores obras del autor ruso, la escribió durante un mes en
1866. En ella, el juego es el referente de las miserias de la
aristocracia.
Iain M. Banks
Su novela de ciencia ficción (1988) narra las peripecias de un
brillante jugador al que su exitosa vida le lleva de viaje a una lejana
civilización alienígena.
Claude Cueni
Se basó para retratar la figura de John Law en las memorias del duque
de Saint-Simon. Un retrato costumbrista de la corte más poderosa del
XVIII. Law se convirtió en su acreedor principal.
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