Medium La Razon Espana
Datum July 2008 / Madrid / Spanien
Thema Das Grosse Spiel
 

Claude Cueni relata la vida del jugador que creó el actual sistema de intercambio



Francisco Carrillo - Madrid

Cuando la era de la abundancia parece vivir su época de vacas flacas, un libro nos revela que el sistema de intercambio monetario por el que nos regimos apenas tiene tres siglos de historia. La nueva novela de Claude Cueni, «El jugador» (Salamandra), glosa la figura de John Law (Edimburgo, 1671-Venecia, 1729), de profesión vividor, juerguista y soñador aventurero, que llegó a inventar e impulsar el papel moneda, una creación que cambiaría para siempre la historia de la economía.

 

Heredero de vida disoluta

El título del libro, homónimo de la célebre novela de Dostoievski, es un homenaje a la biografía del hombre que supo cambiar la sociedad europea del XVIII. Eran tiempos en los que las deudas entre hombres de la aristocracia y clases altas se pagaban con intercambios de títulos nobiliarios, maletas repletas de monedas de oro o pagarés. Un buen día, en mitad de una partida de cartas, Law se dio cuenta de que debía inventar un sistema que facilitase mejor el pagaré de una deuda: y se le ocurrió inventar el billete. «Me fascinó la vida de esta estrella de las finanzas. Fue el hombre mas rico de su época y supo combinarlo con su faceta de vividor», comenta Cueni.

Hijo de William Law, un reputado cambista de Edimburgo, pronto se quedó huérfano. Su madre recluyó al joven John en el internado de Eaglesham. Pero Law había decicido que su destino era ser un invencible jugador de naipes con una mente prodigiosa para las matemáticas. Por eso creyó que Edimburgo y Londres se quedaban pequeñas para su talento. Tenía la mente y la chequera puestas en la Francia de Luis XIV.

Allí llegó con la intención de perpetuarse en la corte más poderosa e influyente de Europa. Tenía como objetivo convencer al Rey Sol de la oportunidad de implantar un nuevo tipo de cambio. Su inteligencia le procuró rodearse de lo más granado de la intelectualidad francesa, como Montesquieu, el duque de Saint-Simon o el autor de «Robinson Crusoe», Daniel Defoe, a quien había conocido en Londres.

Una vez asentado en la corte francesa, puso en marcha la Compañía de las Indias Occidentales y un poco antes el Banco Real, donde llegó a convertirse en el mayor prestamista del Estado francés.

Coleccionista de arte

Aún era joven y ya controlaba el flujo monetario del primer mundo. Fue un visionario, un cosmopolita que supo adecuar el «carpe diem» de sus horas nocturnas con la responsabilidad diaria de sus obligaciones. Sin embargo, su futuro se oscureció con la sombra de la bancarrota que asoló Europa en 1720.

La nobleza exigió una devolución del oro que le pertenecía. Ello provocó una devaluación monetaria y la crisis económica que obligó a Law a salir huyendo de la corte, con 12 soldados que le resguardaban de la muchedumbre furiosa. Se refugió en Venecia, donde vivió sus últimos días rodeado de arte –coleccionaba obras de Tiziano, Veronese y Tintoretto– y jugando a los naipes, la pasión que un día le hizo salir de su Escocia natal para forjar una leyenda desconocida hasta hoy.

Los tres ases de «El jugador»
F. Dostoievski
Una de las mejores obras del autor ruso, la escribió durante un mes en 1866. En ella, el juego es el referente de las miserias de la aristocracia.
Iain M. Banks
Su novela de ciencia ficción (1988) narra las peripecias de un brillante jugador al que su exitosa vida le lleva de viaje a una lejana civilización alienígena.
Claude Cueni
Se basó para retratar la figura de John Law en las memorias del duque de Saint-Simon. Un retrato costumbrista de la corte más poderosa del XVIII. Law se convirtió en su acreedor principal.